Finalmente, ayer llegó el día.
Algunas veníamos pensándolo desde hace un año. Al principio, era sólo una idea vaga, un proyecto sin orientación espacio-temporal. Era algo que íbamos a hacer más adelante, cuando todas pudiéramos hacer inversiones. Pero con el tiempo se fue transformando, y con cada día que pasaba, la idea se hacía más tangible hasta materializarse en un día, una hora y un lugar.
En Septiembre del año pasado, en una de mis primeras clases -pero de las primeras en serio, segunda o tercera de hecho-, ella me contó que tenía muchas ganas de hacerlo. Que lo había hablado con otras alumnas y todas se habían entusiasmado. Que quería mostrar la disciplina en todo su esplendor, alejada de la concepción prostibularia que difundían los medios, exhibiendo las capacidades artísticas y deportivas de las chicas que practicábamos mucho más que el baile del caño.
La primera fecha tentativa fue Mayo. Por cuestiones de tiempo, salud, deserciones y problemas técnicos, se fue dilatando cada vez más. Junio, Agosto, Octubre. Parecía que, pese a todas las ganas, el momento no iba a llegar nunca. Finalmente, hace más o menos un mes, acordamos fecha: Domingo 15 de Noviembre. Ayer. Sin darnos cuenta, claro, de que dos semanas después se cumple un año de aquella primera reunión donde nos conocimos las caras.
La muestra salió preciosa. Puedo ver las fotos y odiarme -no sé por qué, pero mis manos parecen las de un tiranosaurio, torcidas en cada foto como si tuviera artrosis-. Puedo ver el video y encontrarme fallas de frente, de tiempo, de coordinación con el resto -atroz-. Pero, autoexigencia aparte, todo eso me chupa un huevo.
Ayer oscilamos entre la ansiedad, la preocupación, la alegría y la emoción un millón de veces en unas pocas horas. Eramos 5 mujeres -con todo lo que ello implica- al borde de un ataque de nervios. Bah, al borde... en plena caída por el precipicio. Pero nos dimos ánimo, nos limpiamos la barra, nos felicitamos y nos elogiamos diversos movimientos. Mientras ensayábamos nos resbalamos, nos olvidamos, nos devoró la ansiedad. Curiosamente -¡¡y afortunadamente!!-, todas las córeos salieron más lindas en la presentación que en cada una de las pasadas preparativas.
Por más que casi ninguno de ellos vaya a leer esto, quiero agradecerle a muchas personas que contribuyeron a que el evento fuera un éxito:
a mis amigos, por ir a verme, por abrazarme cuando había terminado y por todas las frases lindas que recibí;
a Novio, no solamente por haber asistido, sino también por haberme tolerado los días previos a la muestra, por estar tan nervioso como yo (justamente, por saberme nerviosa), por haber movido cielo y tierra para filmarnos, por encargarse de la edición de video y por darme todo el ánimo que necesitaba para salir a escena;
a mis compañeras pole-dancers, por la buena onda, los nervios compartidos, la relajación asistida, las córeos divinas, los abrazos y la alegría compartida;
al novio de nuestra adorada profe, por musicalizarnos pacientemente la muestra y por la edición de los temas;
a los dueños del lugar, por dejarnos realizar la muestra, por la ayuda, por la buena onda y por la paciencia que nos tuvieron;
a toda la gente que fue a mirarnos, por hacernos el aguante, por aplaudirnos, por elogiarnos, por sacarnos fotos y por sonreír en cada pasada;
a mi psicóloga, porque gracias a nuestras charlas que superficialmente parecieran no ser la gran cosa, logré manejar mucho mejor mis nervios y la sintomatología consecuente (y también, gracias a mis adorados medicamentos);
a las chicas que nos peinaron y maquillaron de buena onda, por dejarnos divinas y darnos ánimos minutos antes de salir;
a nuestra compañera pole-dancer limpiadora de barra, por dejarnos el material listo para la acción y por encargarse de administrar la puerta y las entradas;
a todas las alumnas que no participaron pero que igualmente estuvieron firmes en la primera fila, dándonos ánimos;
a Omar, por instalarnos la barra y por preocuparse de que fuera una usada que ya estuviera curtida;
a mi compañera de dúo, por lo que nos divertimos practicando y por las miradas cómplices en la coreografía;
y, finalmente, gracias especiales a nuestra adorada profe. Por la paciencia que nos tuvo, por la coreografía preciosa que ejecutó pese a que estaba lastimada, por hacerse cargo de organizar todo, por corregirnos una y mil veces las mismas cosas con paciencia y parsimonia, por romperse el alma para que todo nos saliera divino, por la alegría y la buena onda que le puso a todo, por calmarnos los nervios y, sobre todas las cosas, por enseñarnos esta maravillosa disciplina, y por hacerlo esperando de corazón que algún día podamos ser tan buenas como, e incluso mejores, que ella.
Puta madre ya empecé a lloriquear.